Vale la pena soñar

martes, mayo 20, 2014

Una historia sin titulo I

Era un 5 de marzo caluroso y sofocante su cara evidenciaba la más profunda confusión, la puerta automática del hospital cerraban y abrían mientras entraban personas constantemente, todos pasaban sin fijarse en ella, algunos apurados y preocupados, quizás demasiado concentrados en sus propios problemas para fijarse en los demás, demasiados concentrados en sí mismos  para notar a  esa joven  de apariencia humilde y con una niña entre brazos.

Ella continuaba parada con los ojos perdidos hacia la ciudad, inflexible a las personas que le  cruzaban. Nadie podía percibir su indecisión. Ahí estaba sin poder decidir si iría a la derecha o a la izquierda. Por qué en uno de los caminos le esperaba el hombre que le había hecho tanto daño, ese que le ha lastimado el autoestima incontable veces, que le miente con el solo hecho de respirar. Pero ese mismo hombre es el único capaz en este momento  de asegurar un poco de estabilidad, ya no puede pensar solo en ella, ahora tiene una nueva vida entre sus brazos, esta  pequeña que le mira con ojos saltones a la cual  debe asegurar tenga alimento, seguridad y bienestar.

Al ver a su hija, sentirla entre sus brazos es imposible borrar de su mente en esos recuerdos de de su infancia,  su nacimiento trajo a su familia una de sus peores desgracias. Su madre no pudo sobrevivir al parto y fue condenada toda su vida a ser el reflejo exacto de una persona amada. Su padre prefería no verla para no sufrir por su amada esposa. Prefería tratar lo indispensable y utilizaba a sus hermanos mayores como medio de expresión, nunca tuvo una conversación directa con ella, toda su infancia fue ignorada emocionalmente por el sin saberlo. El la amaba pero no podía verla sin sentir dolor, sin pedir a Dios perdón por desear tantas veces que hubiese sido la niña que muriera y no ella. – Elena amor mío aún recuerdo tus ojos. Perdóname por no amarla como te prometí. Es muy difícil cumplir con esa promesa sabiendo que su vida fue la razón de que tu vida se apagara,  y sufro Elena, cuanto sufro.


La nueva madre respira forzosamente, víctima de un ataque de ansiedad se siente súbitamente aterrorizada, taquicardia, angustia es imposible definir todo lo que siente en este momento, sola  y con una niña entre brazos sin saber decidir el futuro, sin poder decidir por ella misma  la vida que quiere darle, porque no tiene  nada que ofrecer más que su amor. – Que puedo ofrecerte en la vida hija mía si solo tengo unos zapatos viejos, un solo cambio de ropa y el dinero suficiente para tomar un autobús. Qué más quisiera que ofrecerte una vida llena de dichas. Es que nadie sabe el sufrimiento de una madre cuando se encuentra aterrorizada, sin saber qué hacer y pensando únicamente en su hija. ¿Qué voy a hacer me pregunto? 

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